Entradas

Bautismo de Acero - Capítulo 3

Aníbal Pronees, el Gobernador de Sitnor, estaba aún en su despacho cuando alguien llamó a su puerta. Fue una sucesión de golpes fuertes y apresurados. Sin esperar a que permitiera el paso, un soldado de la guardia entró. — ¡Señor! ¡Señor! Los caballos regresaron —dijo con voz entrecortada. — ¿De qué caballos hablas? —dijo el Gobernador de qué estaba hablando. — Los caballos negros, Señor, los caballos de los jóvenes. ¡Llegaron solos! —dijo el soldado apresuradamente. — ¿Cómo que llegaron solos ? —Sin entender aún qué sucedía, el Gobernador se puso de pie—. Acompáñame al establo. — Sí, Señor. Acaban de llegar. — Avísale a Rob. Que se reúna conmigo en el establo —dijo sin detenerse. A dos puertas de su despacho, se abrió la puerta de Rob Guna, que también había sido avisado por otro soldado. Apenas si se miraron y siguieron recorriendo apresuradamente el largo pasillo que conducía a las escaleras que llevaban a la planta baja. Luego de cruzar el amplio hall de entrada, sa...

Bautismo de Acero - Capítulo 2

Sitnor Ciudad Capital, año 3997 Una leve ventisca le revolvía el oscuro cabello mientras esperaba en la puerta del establo con dos caballos, con sus monturas, ya listos. Miró hacia la oscuridad del cielo y vio que ya faltaba poco para que amaneciera. “Josh se está tardando demasiado, el muy holgazán seguro se ha quedado dormido nuevamente” pensó. Estaba por ir a buscarlo cuando se abrió una puerta de madera en el muro frente a él y apareció un muchacho despeinado y con los ojos hinchados, ter­minando de vestirse. — ¿Te caíste de la cama? —preguntó con pereza, mientras abro­chaba su camisa. —Parece que a ti se te han pegado las mantas —contestó Quen­tin Guna riendo. —¿Ya tienes todo listo? —Debemos pasar por la armería aún. —¿Y qué esperas? —preguntó Josh Pronees divertido, fingien­do impaciencia, mientras volvía sobre sus pasos. De regreso de la armería, Quentin le ayudó a acomodar las espa­das en las monturas, tratando de no hacer mucho ru...

Bautismo de Acero - Capítulo 1

Pyebra Ciudad Capital, año 3996 El viento huracanado que envolvió su cuerpo hizo que su vestido negro revoloteara a su alrededor y su cabello flotara como si la gra­vedad no le afectara. Las ramas de los arbustos que había a su alre­dedor se balancearon de lado a lado y algunas de sus hojas se des­prendieron de ellas. En una de las manos de la Señora Viktoria pa­reció como si una pequeña tormenta su hubiera formado en su pal­ma. Luego de esperar unos segundos a que la energía se condensara y pudiera manipularla, levantó su mano y un rayo de luz blanca salió expulsado de ella. Lehsa abrió los ojos al doble de su tamaño y, en una mezcla de miedo y desesperación, cruzó los brazos delante de él y escondió su cabeza. El rayo rebotó en el escudo invisible que había creado y se desvió hacia un costado . La rama de un árbol se desprendió después del impacto. “ Demonios , me hubiera abierto el pecho como a una maldita cabra” pensó. — ¡Lehsa, abajo! —Escuchó que alguien gri...